domingo, 3 de enero de 2010





—¿Por qué no lo dejas ya?
Lo miré sin entender.
—¿Qué deje el qué? —respondí algo seca por el tono de voz que había empleado para dirigirse a mí.
—Deja de hacerte la fuerte frente a todos.
Sus palabras me sorprendieron. Quizás porque no me las esperaba, o quizás porque no creía que se había percatado de que era realmente eso lo que me ocurría…
Cuando fui a contestarle, ya se había marchado. Pero, de todos modos, ¿qué podía haberle dicho? Llevaba razón…

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